Desde que existe la escritura, existen los revisores1. En latín se llamaban “recensores”. Con cincel y martillo, revisores de la Antigüedad borraron el nombre de Hatshepsut, esposa de Tutmosis II, quien se autoproclamó faraón y reinó durante 20 años. Tras su muerte, su hijastro Tutmosis III ordenó eliminar su nombre de los monumentos y reemplazarlo por el propio (Fig. 1)2.
Figura 1. Nombre de Horus de (A) Hatshepsut, (B) Tutmosis III.
No obstante, Hatshepsut fue incluida en la lista de faraones redactada por Manetón (en copto MⲁNЄϩTO)3, un monje del siglo III a.C. que dejó constancia de las dinastías egipcias, ubicándola en la dinastía XVIII4.
Otro ejemplo temprano de revisión con fines de censura se observa en la publicación del Nouveau voyage aux Isles de l’Amérique, donde al menos dos censores (uno de ellos perteneciente a la Sorbona) examinaron el texto con el objeto de evitar críticas a la monarquía francesa5.
Cicerón mantuvo una correspondencia fluida con Tito Pomponio Ático, patricio romano que, para evitar conflictos políticos, se trasladó a Atenas (de allí su cognomen, Atticus). Ático publicaba las obras de Cicerón, las revisaba, señalaba objeciones y organizaba su distribución. Las correcciones solían marcarse con cera roja6.
Durante la Edad Media, los comentarios marginales (explicativos o críticos) acompañaban los textos copiados por los amanuenses. Estos comentarios, conocidos como scholia, eran reproducidos junto con el texto original. Los más antiguos corresponden a la Ilíada de Homero7.
En 1665, la Royal Society de Londres y la Académie Royale des Sciences de París establecieron comités para evaluar trabajos científicos, aunque sin la sistematización actual. La Royal Society publicaba recopilaciones de trabajos que distribuía entre los científicos, quienes eran responsables de copiar o imprimir sus manuscritos a su propio costo. En este contexto, figuras como Marin Mersenne en Francia y Henry Oldenburg en Inglaterra facilitaron la comunicación entre científicos. Sin embargo, el Journal des Sçavans, creado por Denis de Sallo en 1665, y las Philosophical Transactions de la Royal Society (aparecidas ese mismo año) constituyen las primeras publicaciones científicas institucionales. Ninguna de ellas contaba aún con un sistema formal de arbitraje. En Francia, al año siguiente, Luis XIV encomendó a la Academia Real de Ciencias la evaluación de inventos y descubrimientos; los informes de los académicos, remunerados por el Estado, prevalecían sobre las opiniones de los censores8.
Entre 1830 y 1900, la Royal Society comenzó a solicitar la opinión de expertos externos. Hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, el crecimiento de los Proceedings of the Royal Society (separados de las Transactions en 1905) permitió una publicación más ágil y una revisión más refinada, con evaluadores que asesoraban sobre novedad y mérito. A partir de mediados del siglo XX, el sistema adquirió mayor formalidad, incorporando el anonimato simple o doble ciego, la confidencialidad y la independencia editorial. En 1970 se acuñó el término peer review, y revistas como The New England Journal of Medicine y The Lancet lo adoptaron con el propósito de controlar la calidad de la investigación médica.
Los evaluadores pares brindan a los autores una devolución constructiva, señalando fortalezas, debilidades y aspectos susceptibles de mejora9.
Diversos aportes han buscado perfeccionar el sistema de revisión por pares. Ferreira et al.10 propusieron tres líneas de acción para mitigar deficiencias estructurales: a) hacer obligatoria la revisión por pares, eventualmente con modalidades remuneradas; b) estandarizar criterios y guías de revisión por área de especialización, y c) crear una plataforma global de revisión por pares que centralice el proceso.
El incremento sostenido del volumen de publicaciones constituye un desafío para las revistas científicas. Para enfrentar esta realidad, se ha propuesto la incorporación de revisores jóvenes como estrategia de sostenibilidad11.
La Revista Argentina de Radiología cuenta con revisión por pares (peer review) a partir de 2008. Desde entonces, 14 editores han conducido la revista: Adolfo Saubidet, Sergio Moguillansky, César Gotta, Claudia Cejas, Alfredo Buzzi, Alberto Marangoni, Andrés Kohan, Alberto Surur, Adriana Ojeda y el autor de este editorial.
La incorporación de la Dra. Claudia Cejas representó un avance significativo en la línea editorial. Ganadora en 2016 del Lee F. Rogers International Fellow in Radiology Journalism (American Journal of Roentgenology [AJR], American Roentgen Ray Society), aportó una formación profesional específica en editorialismo médico.
| Revisores y revisoras destacados/as – Año editorial 2025 |
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| Carlos Capiel |
| Eduardo Martín |
| Gustavo Bévolo |
| Jimena Mariano |
| Jorge Ahualli |
| Juan Marcelo Reyes |
| Mónica Alicia Galeano |
| Paola Acevedo |
| Paola Verónica Nasute |
| René Viso |
| Rodolfo Gustavo Capozzi |
| Soledad de los Ángeles Pérez |
| Susana Bordegaray |
| Susana Torres Garces |
| Virginia Beatriz Colacello |
Desde 2012 la revista promueve el Curso de Revisores Juniors, destinado a especialistas jóvenes interesados en capacitarse en la evaluación de trabajos científicos. Este espacio de formación dura dos años y se encuentra supervisado por el equipo editorial de la Revista Argentina de Radiología. Actualmente, el curso transita su decimoquinta cohorte, y numerosos integrantes de los primeros grupos hoy forman parte del cuerpo de revisores senior.
Como hemos visto, la revisión de textos ha sido una práctica indisociable de la producción y transmisión de saberes. La Revista Argentina de Radiología reconoce y agradece profundamente la labor comprometida, generosa y silenciosa de sus revisores y revisoras, quienes con su tiempo, conocimiento y juicio crítico sostienen la calidad científica de la publicación. Contribuyen de manera decisiva a la formación de autores, al fortalecimiento de la comunidad académica y a la continuidad de un sistema que, aunque perfectible, sigue siendo el pilar de la comunicación científica.
A continuación y a modo de cierre, publicamos un especial reconocimiento a aquellos revisores y revisoras que se han destacado por su compromiso, la solidez de sus aportes y la cantidad de evaluaciones realizadas durante el año editorial 2025.
Consideraciones éticas
Protección de personas y animales. El autor declara que para esta investigación no se han realizado experimentos en seres humanos ni en animales.
Confidencialidad, consentimiento informado y aprobación ética. El estudio no involucra datos personales de pacientes ni requiere aprobación ética. No se aplican las guías SAGER.
Declaración sobre el uso de inteligencia artificial. El autor declara que se utilizó herramientas de inteligencia artificial, en la figura 1, para la escritura jeroglífica, el software JSesh 7.9 y para el copto, Coptic Editor (Saint Mark Coptic Orthodox Church).